lunes, 25 de junio de 2018

Oceános profundos, Mares insondables, Aguas por doquier


Los océanos y mares se nos presentan enormes, extensos y sin límites. Son símbolos de la dinámica de la vida con los que el ser humano ha creado mitos y arquetipos universales. Todo sale del mar y todo regresa al mar. Es el lugar de los nacimientos, las transformaciones y los renacimientos. Las aguas en movimiento simbolizan un estado transitorio, una situación ambivalente que puede ser buena o mala. De ahi que los océanos sean imagen de la vida y de la muerte.

Mares y océanos nos representan la imagen primordial algo borrosa, cuando los principios se nos presentan como indeterminados. Es el Arnava, el mar informal y tenebroso de las aguas inferiores desde donde el espíritu divino se nos muestra y desarrolla. Un espíritu divino que se nos aparece sobre las aguas en forma de isla, huevo, loto o como un frondoso cañaveral. Así es el océano sobre el que descansa y duerme Vishnú.

Todos nosotros poseemos una memoria oceánica, ya seamos habitantes de tierra adentro o residamos junto a la costa. Las correspondencias entre los mares profundos y nuestra psique son tales que ambas pueden ser la forma visible o invisible de la misma realidad. La fluidez subterránea y la fluidez celestial están unidas desde el primer instante, podríamos decir que, vienen incorporadas en el programa original que gestiona todo este "tinglado".

Las regiones mas profundas de nuestros océanos nos son completamente desconocidas y permanecen ocultas e impenetrables. Con las profundidades de la psique, nos ocurre lo mismo y estamos muy lejos de poder conocer todos los secretos que nos esconde.


Los mares y océanos tambien representan las aguas superiores del Nirvana y del Tao:
"El Tao es al mundo como el mar a los ríos."
"Allí confluyen todas las aguas sin llenarlo y todas las aguas salen de allá sin vaciarlo. He aquí porque voy al mar."
Pero los mares y océanos no siempre están tranquilos. Un océano agitado complica la llegada a buen puerto. Estamos ante el famoso "mar de las pasiones" donde los pensamientos y los sentimientos provocan la peor de las tempestades psiquicas. Son un tipo de tempestades que conviene saber y poder dominar, a no ser que te guste naufragar. Es un excelente lugar para poder experimentar y aprender ciertas lecciones que ninguna universidad enseña.
"Quien ha cruzado el mar con sus tiburones y demonios, con sus olas terroríficas, tan difíciles de salvar,... se dice que ha llegado al fin del mundo y que ha partido al más allá."
En el antiguo Egipto el nacimiento de la tierra y de la vida se concebía como una acción del océano, como cuando el Nilo decrecía y la tierra que surgía era apta para el cultivo. La creación de los propios dioses, también surge de la aguas primordiales. El padre de todos los dioses recibía el nombre de "la Tierra que emerge".

Los mares y los océanos respiran y vibran constantemente, las olas son una buena muestra de que los mares están vivos y son poseedores de una gran fuerza y poder. El océano es la madre de todas las madres, es la Gran Rueda en cuyo continente líquido apareció y se desarrolló la Vida. No es de extrañar que muchas personas adoren nadar en el mar en un momento muy concreto del día: cuando amanece.


Nuestros cuerpos están repletos de diferentes corrientes y flujos líquidos que se mueven y evolucionan sometidos a la atracción rítmica del Sol y la Luna. Mares de sangre, mares salados, aguas dulces cristalinas,... todo evoluciona a ritmo del Sol y la Luna.

El Himno a la Creación del Rig Vedá, encontramos unas frases que nos muestran que la sabiduría oriental hace milenios que conoce que las aguas son el origen de todo:
"Entonces no había ni inexistencia ni existencia.
No existía ni el reino del espacio,
ni el cielo que esta más allá.
¿Qué se movía?
¿Dónde?
¿Para proteger a quién?
Había agua con una profundidad insondable"
Muchos son los autores que también han relacionado los mares y océanos profundos con el final de los tiempos. Bajo este contexto, todo acaba tal y como un día comenzó. En la obra "Entre la tierra y el mar" de Joseph Conrad encontramos un bonito ejemplo de esta analogía acuosa:
"No era mar gruesa, era un mar enloquecido. Supongo que el fin del mundo será algo parecido."
Las aguas y el fin del mundo van de la mano en una pesadilla que mucha gente sufre, donde una ola gigantesca lo engulle todo. Y es que el poder del agua es igual de devastador que el poder del fuego. Un buen ejemplo lo encontramos en el Diluvio Universal, donde un dios muy cabreado utiliza el poder de las aguas para ahogar a todo ser viviente que no tuviera un billete para subir a una arca.

Johnny McClue 2018