viernes, 15 de marzo de 2019

El elexir y la fuente de la eterna juventud, piedra filosofal de la materia


La historia de la humanidad esta repleta de relatos que cuentan como los hombres y mujeres han querido obtener la inmortalidad y en el intento han utilizado todo tipo de técnicas. Ser inmortal equivale a vivir siempre joven y apuesto donde los efectos del paso del tiempo desaparecen por completo.

El mundo dual que nos rodea en este universo tridimensional en que estamos, nos presenta dos seres humanos diferentes. Los seres humanos desalmados desconocen que una de sus partes es inmortal y suelen tener mucho miedo a la muerte. Les provoca tal terror que se pasan la vida buscando un método que les permita no envejecer. Por contra, los seres humanos con alma se enfrentan sin miedo a la vejez y a la muerte.

En todas las culturas y civilizaciones encontramos diversos relatos relacionados con la obtención de la inmortalidad y la belleza eterna. Pero sin lugar a dudas, las fuentes y estanques suelen ser siempre protagonistas en este tipo de historias relacionadas con la inmortalidad.

La primera referencia histórica sobre un lugar en donde se obtiene la inmortalidad la encontramos en el siglo IV aC, donde Herodoto nos cuenta acerca de una extraña fuente en Etiopia cuyas ligeras aguas rejuvenecían a los habitantes de aquel lugar.


Es evidente que todos los relatos nos ofrecen un patrón común: la inmortalidad esta relacionada con el Elemento Agua. Siempre en todas las historias relacionadas con la obtención de la inmortalidad, hay que bañarse o hay que beber de un líquido especial, pero siempre es un fluido el elemento que aporta el "milagro de la inmortalidad". Todas las grandes tradiciones relacionan la inmortalidad con el retorno a las aguas primordiales desde donde todo surgió.

Para que los alquimistas puedan trabajar los elementos de forma correcta, es preciso utilizar un filtro en concreto llamado "el árbol de las 3 raíces". Estas tres raíces son la raíz sensitiva, la raíz vegetal y la raíz mineral.  Una larga cocción segrega los 4 elementos a partir del germen terrenal de todos los metales, animales y plantas. Tras la cocción todo queda subliminado y es posible obtener la esencia suprema del elixir de la vida, también llamado "oro vegetal".

EL ARBOL DE LAS 3 RAICES

El desarrollo del ciclo de la vida comienza con el elemento Agua (líquido), sigue con el Aire (gaseoso) y el Fuego (ígneo) para acaba con el elemento Tierra (sólido). Estamos ante un mundo que se nos manifiesta de forma cuaternaria en todo su esplendor. Las 4 estaciones, los 4 temperamentos, las 4 etapas de la vida, todo es cuaternario.


Según Pitágoras, el espectro total de posibilidades de este mundo esta contenido y representado por la cifra cuatro. El famoso quinto elemento de los alquimistas es simplemente una sutil quintaesencia que solamente puede encontrarse en el empíreo divino. Bajo este contexto, el objetivo de los alquimistas medievales consistía en hacer descender a la tierra este quinto elemento mediante la destilación o la obtención de sales. Para ello los alquimistas tenían que cruzar el anillo exterior del mundo interior, que es el anillo ofídico de Saturno que actúa como si de una barrera se tratara. Una barrera que no nos permite acceder al tan deseado Paraíso.

Saturno y Cronos (el dios del tiempo), son todo uno. Cruzar el susodicho anillo implica una censura en el transcurso del tiempo, retornar a la edad de oro y al Paraíso que siempre se nos ha presentado como algo inaccesible.


Los tres muros representados en el grabado medieval adjunto, simbolizan las tres partes de la obra alquímica que se inicia en primavera bajo el signo de Aries y el cuerpo muerto en putrefacción junto a la puerta que atraviesa el muro más exterior. El segundo muro representa al verano donde bajo el signo de Leo la alma y el cuerpo se unen. El tercer muro representa el nacimiento del cuerpo espiritual, el elixir que bajo el signo de Sagitario representa el oro líquido de la eterna juventud que.

Las serpientes y los elixires de la vida hace siglos que van de la mano. La serpiente de bronce que Moises clavó en la cruz es símbolo de la fuerza curativa del elixir mercurial que no es otro que el Cristo Crucificado.

El elixir de la inmortalidad de tantas y tantas tradiciones, simboliza el estado de conciencia transformado. El elixir asegura la perennidad y el tiempo deja de existir. En todo el mundo encontramos que los manantiales y fuentes de aguas cristalinas son considerados lugares sagrados. Es el lugar por dónde por primera vez el agua brota al exterior, una agua virgen y pura que nada conoce de contaminaciones ni de "Monsantos" o similares. No es de extrañar que los seres humanos desde un principio relacionaran al manantial con la primera manifestación de la vida, sin la cual la fecundación y el crecimiento de todo ser vivo sería imposible.

La obtención de la eterna juventud suele estar siempre relacionada con rituales, aquelarres y todo tipo de fiestecillas donde un tal Satanás suele ser el anfitrión. En muchas de estas historias el sujeto no obtiene la eterna juventud de forma gratuita. Siempre suele haber una determinada prenda la que hay que ofrecer a cambio: la alma del pobre sujeto.


El agua que surge de un manantial ha sido llamada como "agua viva", "semilla del cielo", "sangre divina" y en muchas culturas los manantiales reciben todo tipo de protección y cuidado. Los mayas tenían prohibido pescar en ellos y talar los arboles que dan sombra a todo lugar donde surgía agua de la tierra. En la cultura gala el agua de los manantiales cura heridas y reanima a los guerreros muertos en combate, pero el agua de manantial que en Francia se lleva la palma es la agua del Santuario de la Virgen de Lourdes.

En el siglo 19 toda la alta sociedad europea se convirtió adicta a los baños en lugares donde las aguas puras se contaba que "rejuvenecían" y sanaban a todo dios que se pudiera permitir el lujo de perder su tiempo y dinero en los llamados "Balnearios". De la noche a la mañana surgieron de la nada numerosas villas en donde todo eran establecimientos que ofrecían todo tipo de baños, vapores, duchas a presión mediante las más modernas técnicas y tratamientos de la época.

Con el tiempo los Balnearios se convirtieron en el lugar en dónde veraneaban todo político o industrial que se preciara. Los balnearios son los antecesores de los hoteles que tenemos junto a nuestras playas. Antes la gente no se quería poner morena, estar bronceado era sinónimo de trabajar de jornalero y no tener ni un duro. Antes de que se pusiera de moda las playas y tomar el Sol, la gente solamente buscaba lugares con aguas milagrosas.

En todas las culturas tradicionales el manantial simboliza el origen de la vida y la fuente de todo conocimiento con el que poder alcanzar la perfección. Bajo este contexto, no es de extrañar que se creyera que con sus aguas el hombre y la mujer pueden ser bellos, sabios y perfectos.

Pero desgraciadamente en el siglo que vivimos, cada vez hay menos lugares desde donde el agua emerge ala superficie de nuestro bello Planeta. En mi pueblo la única fuente de la que brotaba agua cristalina, hace décadas que esta seca. A este paso, las fuentes y manantiales solo van a poder contemplarse en algún que otro museo.

El ser humano se ha complicado tanto la vida que en países como Japón o Suiza, empieza a ser comercial la venta de agua proveniente de un glaciar o la venta de aire puro embotellado a 7.000 metros de altura en el mismo Himalaya tibetano. La oferta de productos en el mundo capitalista ya hace tiempo que perdió el Norte.

Johnny McClue 2019


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